Todo partió un viernes, en la casa de un músico de 42 años, con el que me vi, más o menos, obligada a conversar, y que se detuvo para lanzar su crítica hacia la falta de profundidad en los temas de conversación del chileno medio.
–Chile es un país donde no se habla de casi nada, ni de temas de ecología, ni del calentamiento global, ni de las matanzas en el Líbano, en Gaza… ¡La gente no habla! ¡no lo comenta! Quizás no tienen la resistencia emocional para hablar de un tema tan terrible como ése y no caer en depresión. Y no hablo sólo de desastres, sino también soluciones. Pero no, es un país complicado, hay que hablar de otras huevadas y con la boca llena de sonrisa para funcionar.
–A ti te encanta el tema de la ecología…
–Sí, me interesa. Vengo hablando con unos amigos desde hace 15 años de utilizar la energía eólica en Chile, y ahora recién están saliendo a debate temas como ése en el país y aún así no pasa nada, pudiendo organizarse en el sur, con el presupuesto de lo que gasta…
Y entonces, ocurrió. Juro por lo más sagrado que el tema de la ecología me importa y que sueño, al igual que muchos, en ver que el cielo de mi país vuelve a ser azul, pero tras el discurso anti trivialidad de mi interlocutor, mi cabeza se aisló cantando, casi a modo de protesta, de la conversación sobre la renovación energética.
–Porque también hay un debate con la energía nuclear, de que aquí no se debe implantar (Why do birds suddenly appear every time you are near…) para el proceso de los criaderos de (just like me, they long to be…) en la producción, y eso tiene que ver con el presupuesto que se destinaría a (wa wauwá, close to youuuu)…
Desde entonces, ha sido como una pesadilla de autorecriminaciones por no poder evitar que en mi inconsciente diversas canciones se asomen para distraerme de las conversaciones, aunque sea con amigos.
–¿Y cómo has estado?
–Más o menos. Ando con mil cosas… Imagínate que me levanto a las 8 y media de la mañana y no paro hasta las once. Apenas me levanto… Ya, me ducho, me lavo los dientes, tomo desayuno, y ahí me… (Me dicen el matador nací en Barraca… Si hablamos de matar mis palabras matan… No hace mucho tiempo…) Y después del trabajo, no alcanzo ni a comer y ya me tengo que ir a a… (tututú tutú tu, Frei, Frei)
ACTO I
ESCENARIO: Son las dos y media de la tarde y el sol del otoño entra por los fierros que cubren la terraza de mi lugar de trabajo. Es tercera vez en la semana que como omelette con arroz (el cocinero no se esfuerza mucho en la creatividad del menú), y converso con un amigo del trabajo, acerca de nuestros panoramas para el fin de semana.
X: Hoy quedé en acompañar a una amiga al cumpleaños de una amiga de ella. Tengo cero ganas, estoy muerta. Si se ponen a hablar de algo fome, me voy a quedar dormida.
F.M.: El fin de semana pasado fui al cumpleaños de mi mejor amigo del colegio. Fue horrible.
X: ¿Estaba lleno de matrimonios con sus hijos?
F.M.: No. Invitó a sus compañeros del doctorado de filosofía…
X: ¿Y se pusieron a filosofar ahí mismo?
F.M.: No salió Schopenhauer a la conversación, pero sí eran medios densos. Estoy evaluando, seriamente, la opción de no ir el próximo año.
Recordé las palabras del músico y mi infierno interno. ¿Cómo lograría prestar atención a lo que otros me contaran esta noche, con todo el sueño que venía arrastrando desde el lunes? ¿Qué nueva canción vendría al repertorio de mi cabeza protestante? Al llegar a mi casa, tenía todo planificado; dormiría unas horas para recobrar las fuerzas, antes de partir al gran evento gran… Pero todo se vio truncado ante la presencia de mi sobrina de dos años y esta conciencia que hace que se me estruje el corazón si ella quiere jugar conmigo.
–Ya, yo voy a ser la mamá y tú la hija. Hija, juega…
–¿Y tú qué vas a hacer…eeeee, mamá?
–Yo te voy a hacer la comida…
Adiós sueño. Qué lejos estabas de mí, oh, dulce mundo onírico que me alejas del mar de autos de la calle, del estrés laboral y de mis deseos no cumplidos. Con unas ojeras de ultratumba debí comer aceitunas invisibles, bailar la canción de Barney -imitando a un gorila- y subir y bajar la escalera de mi casa con 18 kilos que adoro a cuestas. Para las 10 de la noche, yo ya era uno de los extras de “La noche de los muertos vivientes”, en su versión más gore. Pero un compromiso era un compromiso.
ACTO II
ESCENARIO: Son las 11 de la noche. El balcón de la casa de la amiga de mi amiga acobija a los tres fumadores que han debido salir del departamento para calmar el vicio.
Fumador 1: Oye, tanto tiempo que no nos veíamos.
X: Sí, ¿qué estás haciendo ahora?
Fumador 1: Trabajo como sobrecargo de vuelo…
X: Hiiii, ¿y te ha tocado pasar sustos con las turbulencias?
Fumador 1: No.
X: ¿Y has tenido pasajeros locos?
Fumador 1: Sí, una vez, a una mina le vino una crisis de pánico en pleno vuelo. Se agarraba tan fuerte del asiento que ni entre cinco gallos la podíamos parar…
Fumador 2: Es horrible eso de las crisis de pánico… A mí me dieron como por dos años, después que murió mi vieja… (silencio incómodo en el balcón, acompañado por sendas miradas de condolencias entre el fumador 1 y yo, hacia el fumador 2, quien continúa…) Es que yo soy así, soy sensible, verdadero, no ando con las cosas por atrás… (why do birds suddenly appear, every time you are near) Porque los neonazis son así… (¿Ah? Me perdí) Y yo digo, ¿para qué? Si al final todos hemos sufrido… (wa wauwá, close to you…)
Y ahí estaba yo, con la boca llena de sonrisa para funcionar, sintiéndome la escoria de la sociedad.
Al final, el Fumador 2 se fue, y poco a poco el departamento se fue vaciando para dejar a unos pocos que terminaron por quedarse en el balcón. De la nada, aparecieron unos lentes blancos de plástico, que se puso el Fumador 1 para caracterizar a un actor de peli porno entre las risas de todos, hasta que el frío nos obligó a entrar. Prendieron la tele y pusieron un canal de karaoke de bar de carretera, donde los últimos éxitos de Nino Bravo nos hicieron cantar hasta las 4 de la mañana, hora en que el conserje subió para pedir que nos calláramos. Y todo, sin ninguna otra canción que las del karaoke en mi cabeza.
¿Lo pasé bien? Sí. ¿Me enorgullezco de no prestar atención a lo que me dicen? No, pero me estoy acostumbrando y lo veo en el futuro bastante soportable.
Y ahora, a cantar…
Etiquetas: actor porno, Barney, close to you, energía eólica, levedad del ser, matador, omelette
mayo 25, 2009 a las 5:33 pm |
Nadie puede contar su experiencia de crisis de pánico a personas desconocidas, en un carrete y fumando cigarro…tampoco lo del “corchete”!!!jajajajaja…si hubiera estado ahí, yo habría cantado la segunda voz o el coro!jijiji
mayo 25, 2009 a las 5:48 pm |
Jajajjaja!! Síiiii. Lo del corchete lo omití, sino habría tenido que escribir como dos hojas de conversación.
junio 7, 2009 a las 4:56 am |
Cuando en esas reuniones o cumpleaños la gente que uno vio crecer empieza a hablar, por ejemplo, de pañales (lo cual no es una invención), definitivamente algo está mal. Así que están notables casos de evasión musical!! De repente las latas se hacen tan largas que habría que aplicar “bis” o hacer remixes.